
El Vengador del metro de Nueva York
“Y así se puso de relieve en el proceso que tuvo lugar para juzgar el caso de Bernhard Goetz, un individuo acusado de haber disparado contra cuatro jóvenes negros que, al parecer, pretendían atracarlo en el Metro de New York. Lo único que se pudo probar es que Goetz fue rodeado en el vagón del Metro donde viajaba por cuatro jóvenes negros y que uno de ellos le pidió cinco dólares. Goetz sacó una pistola que llevaba cargada en el bolsillo, disparó e hirió gravemente a uno de los jóvenes. Acusado de lesiones y tentativa de asesinato, Goetz alegó que actuó en legítima defensa.”
“Este fue el argumento que adujo la defensa en el caso de Bernhard Goetz, el vengador del Metro de New York, para evitar que fuera declarado responsable de la tetraplejia irreversible que sufrió uno de sus presuntos atracadores, Darrel Cabey. El abogado de Goetz alegó, en efecto, que dicha parálisis se produjo no como consecuencia de los disparos de Goetz, sino de la negligencia médica con que Darrel fue tratado. El mismo argumento se oye una y mil veces en los estrados de los Tribunales de Justicia cuando alguna persona herida por la acción del acusado ha muerto posteriormente en el hospital, después de haber sido intervenida quirúrgicamente.”
“Consideremos los hechos del caso Goetz: cuatro jóvenes negros rodean a un hombre blanco en un vagón del Metro de New York. El hombre blanco, el tal Goetz, cree de buena fe que estos jóvenes pretenden robarle y dispara contra ellos su revólver. Tanto si Goetz interpretó mal sus intenciones, como si creyó erróneamente que era necesario disparar, los jóvenes negros podían defenderse legítimamente. De nuevo, nos encontramos aquí con personas víctimas de una errónea percepción de la realidad por parte de un tercero que no, por eso, puede perder su derecho a defenderse, incluso aunque el error del tercero sea razonable. Lo mismo ocurre en caso de violación: la única vía que permite dar relevancia al error y admitir al mismo tiempo que la agresión sexual es antijurídica es tratar el error sobre el consentimiento como causa de exculpación.”
Sentencia firme de los Tribunales:
- Un año de prisión por un Delito de Posesión Ilegal de Armas.
En todas las partes de New York se podían ver graffitis y carteles “Bernie Goetz for Mayor” (Berni Goetz para la alcaldía). Se convirtió en un símbolo contra el desorden y el crimen callejero. Todos los atracadores que atacaron a Goetz, menos el que se quedó en la silla de ruedas, están en la cárcel: uno por una violación, otro por un atraco a mano armada, y el último por un robo con violencia.
Para más información: “En Defensa Propia“, de George P. Fletcher, Catedrático de Derecho Penal en la Universidad de Columbia.
Noviembre 7, 2008 at 1:31 pm
Hola Juan Paulus, vengo a agradecerte tu paso por Qué ven mis ojos! y a devolverte visita.
Me encuentro con un tema bastante macanudo, y es que lo de la legítima defensa está muy bien, siempre y cuando, eso sí, no cause un mal mayor del que a uno pretendían infringirle, no?
Puede que los cuatro individuos sean calaña pura (o no) pero desde luego jamás defenderé el uso de las armas como el que enciende un mechero.
Un saludo!
Noviembre 16, 2008 at 10:03 am
Este tema levanta controversia. Tanta, que voy a tomar un café, voy a analizar el conflicto que me has suscitado al leerte, y ahora vuelvo.
Noviembre 16, 2008 at 1:47 pm
Vale, ya me contarás que has pensado del conflicto.
saludos
Noviembre 17, 2008 at 7:18 pm
Quizá sea más fácil tener empatía con el ciudadano que vive con miedo a ser atracado en cualquier parte de una ciudad como Nueva Cork, que con un joven con antecedentes penales que acabó tetrapléjico. Los otros tres angelitos negros, ya se sabe donde están. Cabe suponer, sólo por estadística, que el cuarto tendrá dificultades para delinquir ahora.
Quien conoce la ley, conoce la trampa. Cualquier abogado audaz, sabe como defender adecuadamente al acusado para conseguir la pena menos dura (hasta 4 años por posesión ilegal de armas en esa ciudad).
Me he visto intimidada en una ocasión, y acosada por un alcohólico agresivo, y de haber tenido un arma… sinceramente no sé que hubiera ocurrido.
¿A qué precio máximo puede pagarse la integridad personal, la seguridad, o la defensa legítima? ¿Infringiendo la ley?
Este post suscita un controvertido debate.
Un saludo.
Noviembre 30, 2008 at 11:18 pm
Sí Carmen, sin duda alguna estamos ante una cuestión muy controvertida, y de una difícil ponderación de derechos, tanto por parte de Goetz como con respecto a los supuestos “atracadores”. Yo diría que estamos ante una sentencia con más calado moral que encauzada hacia la legalidad y a la objetividad del Derecho aplicable. No conozco el espacio de interpretación legal de los jueces y tribunales americanos.
Un cosa de especial revelancia en este tema judicial es el tratamiento que dan los tribunales americanos a la buena fe como circunstancia atenuante del hecho que se juzga, mostrando el derecho que tiene la población a resistirse ante un ataque violento, justificando el uso de las armas hasta su propia trivialidad, y negando el desequilibrio entre los medios del atacante y los de la víctima para defenderse, en esencia, la aceptación pública del manejo y disposición de armas ha hecho que esa justificación esté recogida en una unánime decisión judicial, aquí en España se tienen que reunir una serie de requisitos en orden al visto bueno en el procedimiento judicial en cuanto a la Legítima Defensa (explicados aquí: http://noticias.juridicas.com/articulos/55-Derecho%20Penal/200305-24551422410341411.html).
Un abrazo JP
Diciembre 9, 2008 at 10:33 am
Estoy en contra de las armas en manos de particulares, porque su sola posesión entraña una posibilidad cierta de “violentar” cualquier conflicto. Si en el lugar donde se encontraba Goetz hubiera existido presencia del Estado, único que debiera estar legitimado para actuar con armas (siempre con fines de defensa colectiva y paz social), nada hubiera sucedido. Ese es el problema. Condenar a Goetz significa lisa y llanamente condenar la omisión del Estado. Es imposible justificar lo injutificable: objetivamente, Goetz ha lesionado gravemente a una de las cuatro víctimas utilizando un arma, objeto que a su vez no se encontraba en poder de sus ocasionales agresores. Ello aún cuando el poder ofensivo de los agresores pudiera ser equivalente en la suma de fuerzas. Es cierto que pensar en un Estado omnipresente parece una utopía, pero conociendo el foco de conflicto de un lugar determinado (subterráneo de NY a las cuatro de la madrugada) por qué dar pie a la defensa privada omitiendo prevenir “justamente” en ese lugar, que no se trata precisamente de un lugar habitualmente pacífico, que sí puede amparar casos de legítima defensa. Entonces tenemos que recurrir a una infinidad de argumentos pseudofilosóficos para tratar de “salvar” a alguien del cadalzo. Es cierto que nadie está obligado a soportar una agresión ilegítima, pero no por eso puede convertirse en “sheriff” por la fuerza de las circunstancias. Nada hay en este caso que evidencie un peligro cierto e inminente para la vida de Goetz, su único argumento parece ser un desmedido intento por preservar su propiedad. Cualquier forma de violencia privada, sólo engendra más violencia. Por ello no se la puede justificar.
Diciembre 9, 2008 at 4:10 pm
Felicidades por el comentario, muy bien argumentado, sobre todo lo relacionado con la pasividad del aparato estatal, si tengo tiempo intentaré contestarlo.