Cuenta la leyenda que un banquero (“hombre que presta a otro el dinero de un tercero”) llamado Nathan Rothschild (anteriormente Bauer) corrió el rumor en la Bolsa de Londres de que Napoleón había ganado la Batalla de Waterloo. Nathan se encargó de vender deprisa y corriendo sus acciones con el fin de que los demás accionistas siguieran su estrategia. Este engaño provocó un efecto dominó y el pánico se propagó en la Bolsa de Inglaterra como la Peste Negra.

Sigilosamente, por medio de agentes, fue comprando acciones a precio de saldo, incrementando abundantemente sus riquezas, y refundando el Banco de Inglaterra.

Nathan Mayer Rothschild, que, en 1820, había logrado un firme control sobre el Banco de Inglaterra dijo:

No me importa quien sea el títere colocado en el trono de Inglaterra para gobernar el Imperio en el que el sol nunca se pone. El hombre que controla la oferta monetaria de Gran Bretaña controla el Imperio Británico y yo controlo la oferta monetaria británica“.

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